Rafael Vargas, Ed. Huebra, Huelva, 2001

(selección de una entrevista en la Cadena SER, 13 de junio de 2000)

poética

Cuadro de texto: entrevistas

21 de últimas

(conversaciones con poetas andaluces)

 

  – ¿Qué panorama poético te encontraste al llegar a Córdoba?

 

  – A los pocos meses descubrí y participé en una iniciativa que creo fue determinante en la evolución de los poetas de mi generación: el "Aula de Poesía" de la Posada del Potro. Por sus lecturas semanales circularon más de doscientos poetas, a los que pude escuchar y conocer. Para el joven que era la posibilidad de entrar en contacto con la practica totalidad de la poesía española fue un estímulo de valor incalculable. En el Aula brotó la amistad con los poetas de "Antorcha de Paja" José Luis Amaro y Francisco Gálvez, así como con Manolo Gahete, Juana Castro, Carlos Clementson y otros. Allí conocí a los que hoy son mis amigos y compañeros de generación Pablo García Casado y Antonio Luis Ginés.

     Asistí a los Talleres que organizaba Pedro Roso, cuyo papel dinamizador de la joven poesía cordobesa ha sido, creo, el factor clave que supo aglutinarnos a los jóvenes y ponernos en contacto con la reflexión poética de nuestro tiempo. Casi diez años más tarde sus efectos son evidentes. Desde mi propia poesía hasta la de Pablo, Antonio Luis o Federico Abad le deben ese primer impulso, tan necesario, hacia el compromiso con la palabra.

     Terminados los dos ciclos anuales de lecturas los Talleres continuaron funcionando un par de años más, contribuyendo a su vez a la formación de poetas que vinieron algo más tarde y ya están despuntando en la poesía española, como José Luis Rey, Vicente Luis Mora, Juan Carlos Reche, Juan Antonio Bernier, Rafa Antúnez... Creo que lo que está empezando a ser Córdoba en el ámbito de la poesía española nace de esa iniciativa. Cuando se escriba la historia literaria de la ciudad habrá que contar con la figura esencial de Pedro Roso, el hombre que supo impulsar un movimiento de renovación que aún está en marcha.

 

  – El poeta responde con palabras a la confusión de su entorno y a la agresividad general. ¿Qué piensas de la poesía que se posiciona en la resistencia frente al poder?

 

  - Los tiempos de lo panfletario pasaron, sin duda. La poesía social fue un error estético, aunque eso sí, con un sentido histórico profundo que obedecía a causas reales y de máxima legitimidad moral. Hoy por hoy, regresar a un enfoque panfletario no me atrae, sobre todo porque está más que demostrado que la poesía no es capaz de afectar a la realidad social, pues tiene un ámbito de difusión muy reducido. Hablar a estas alturas de que "la poesía es un arma cargada de futuro" me parece algo ilusorio, una fantasía.

     Ahora bien, creo que hay un sentido en el que la poesía sí debe comprometerse. La creación poética es en sí misma un acto de libertad frente a la "razón instrumental" (esa aliada incondicional del "pensamiento único") en donde no hay lugar para la intimidad, la interioridad, el diálogo fecundo con uno mismo, sino que estamos rodeados, acosados, manipulados por la omnipresencia alienante de los medios y su falsa moral del éxito, de la rentabilidad, de la eficacia. Según la lógica del mercado todos nuestros actos están orientados a un fin práctico, útil, es decir, han de ser "productivos". La poesía se enfrenta frontalmente a esta vorágine deshumanizadora para hacer que el ser humano se reconozca a sí mismo, escuche su propia voz . Creo que es éste un modo de "subversión" muy necesario, frente al "pensamiento único" y la "razón instrumental"; una rebelión desde lo psicológico, esto es, desde el ámbito natural de un arte como el poético.

 

  – Entre tus libros hay uno que no conozco y que no he mencionado antes y es el ensayo «Escribir un poema». ¿Qué ofreces al lector en ese intento?

 

  – Se trataba de romper la "ley del silencio" que ha pesado ya demasiado tiempo sobre la técnica literaria que precisa el aprendiz de poeta. En cualquier otro arte se han ido divulgando, desde el XVIII hasta nuestros días, sus rudimentos técnicos básicos. Quizá por el mito romántico de la inspiración "pura" en poesía tan sólo se ha desarrollado el análisis de los poemas ya escritos, pero nada o casi nada se ha difundido sobre la labor misma de la escritura: el antes y el durante del poema, no el después.

     Es obvio que la poesía es el fruto de la conjunción de dos factores imprescindibles: inspiración y trabajo. La inspiración, sin un profundo conocimiento de los recursos y una clara conciencia crítica, no conduce a una obra de entidad, y a la inversa me temo que tampoco. Me he limitado a aportar, del lado del trabajo, esto es, de la conciencia del proceso de creación, del conocimiento y la lectura, algunas claves de interpretación útiles para quienes emprenden la aventura de la palabra. Me he propuesto ante todo abrir los ojos a algunas de las dimensiones fundamentales de la palabra poética, que por lo común los poetas van encontrando árduamente, al cabo de los años, pues hasta ahora no ha habido prácticamente bibliografía en nuestro país sobre la escritura poética misma (a diferencia del mundo anglosajón e Hispanoamérica, donde se llevan a cabo iniciativas similares desde los años 50). Su novedad estriba en que adopta el punto de vista de un creador y no del profesor de literatura. Era sin duda un libro necesario, que abre el camino a otros muchos que vendrán.

 

  - Desde "Las cartas marcadas", un libro de realismo estricto, a "No se trata de un juego" hay un salto cualitativo en tu obra. ¿Has encontrado ya tu voz definitiva?

 

  – "Definitivo" es un adjetivo muy peligroso. He encontrado una voz que creo empieza a ser del todo personal en "No se trata de un juego", un timbre reconocible. He tratado de fundir realidad y ensoñación, razón e imaginación, lanzándome a la indagación de las proyecciones simbólicas de la interioridad. Desde la precisión y el control de la palabra he indagado en la cara oculta de las cosas, que no es sino la cara oculta de nosotros mismos.

     A lo que no estoy dispuesto, sin embargo, es a firmar "de por vida". Esto no es el matrimonio. Ya veremos adónde me conduce la voz, cómo evoluciona y qué regiones se encuentra. Entre libro y libro (incluido el que estoy perfilando últimamente) he necesitado siempre un nuevo territorio, nuevas vías de indagación, nuevos caminos. Siempre se evoluciona a partir del libro anterior, pero si no hay esa búsqueda constante la aventura de la palabra deja de ser tal para convertirse en mero oficio, pierde para mí todo interés. Mientras el poema es un desafío es una actividad creativa apasionante. Tan sólo entonces. Si regresas a los registros que ya has manejado es como si jugases a un juego consabido, donde no hay descubrimiento, revelación.

 

  – Lewis Carroll escribió: "Juguemos a que existe una manera de atravesar el espejo". ¿Has cambiado para explorar dentro de ti?

 

  – Es cierto que me inicié en la escritura dentro del realismo, adoptando una actitud de defensa de valores como la transparencia, la naturalidad, la verosimilitud... y cultivando desde mi primer libro la narratividad en el poema. Después de "Las cartas marcadas" empecé a vislumbrar que el realismo estricto, positivo, de lo que puede verse y tocarse, era muy estrecho, me limitaba mucho. Pensaba que la poesía no podía renunciar a los territorios inexplorados de la personalidad, a la interioridad. En "No se trata de un juego" encontré una vía de desarrollo al indagar "hacia adentro", dejando brotar libre la ensoñación, para proyectar narraciones simbólicas, donde el personaje se desliza sutilmente desde escenarios comunes, reconocibles, a un ámbito mágico. Descubrí que era posible combinar la arquitectura que me había aportado el realismo (como te decía: transparencia, narratividad, naturalidad...) con la introspección, la indagación psicológica en las profundidades.

     Esa exploración de las regiones interiores supone una poesía donde razón e imaginación se dan la mano, permitiendo al inconsciente manifestarse, aunque de una manera novedosa respecto a la vanguardia, esto es, mediante la narración "realista" de lo prodigioso. En ese sentido la cita de Carroll ilustra a la perfección el sentido del libro. "Atravesar el espejo" es explorar el otro lado, la posibilidad de lo imposible, que es una proyección de las vastas regiones interiores. Un "realismo visionario", que amplía el sentido de "realidad" a una región mucho más vasta que la de lo real empírico, trascendiendo siempre la anécdota en una experiencia interior.

 

  – Uno explora las regiones ignoradas de su propio ser. ¿En qué grado tu poesía es territorio identificativo de tu otro yo?

  – Creo que somos plurales. La sombra, nuestro oculto lado maligno que contradice sistemáticamente nuestros buenos propósitos, es tan sólo una de las muchas voces que coexisten en conflicto dentro de cada uno de nosotros. Es cierto que existe un yo central que trata de armonizar las otras voces. Por mi parte, trato de ceder la palabra a esas voces otras, dejarlas hablar, liberándolas de la tiranía racionalista y puritana de un yo centrado. Pienso que lo ideal sería manifestar nuestro interior en toda su pluralidad, su multiplicidad de sentido y emoción.

 

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