Necesidad de la teoría: una poética del límite

 

           Una poética no debería nunca ser una excusa para esquivar el bulto y evitar toda reflexión sobre la escritura. Deberíamos poner freno a esa actitud ingenua, antiintelectualista, disfrazada de ingenio y autosuficiencia, por la cual demasiado a menudo el poeta se escuda en vagos tópicos como el fingido desdén hacia toda teoría, el presunto peligro de la inadecuación entre intenciones y resultados, el “ni sí, ni no, sino todo lo contrario” y demás poses “de artista”, a fin de no manifestar posición teórica alguna.

Sólo nuestra histórica carencia de una auténtica Ilustración y un auténtico Romanticismo, vinculados a la mejor tradición europea, pueden explicar -pero no justificar- que tales piruetas verbales en el vacío pasen entre nosotros por “pensamiento poético”. Mientras tanto, nuestra poesía continúa aguardando su oportunidad de desarrollar el amplio horizonte de posibilidades expresivas -en buena medida aún por explorar entre nosotros- que la mejor tradición romántica y simbolista europea nos viene proponiendo sin cesar desde hace nada menos que dos siglos.

Asumir nuestra condición posmoderna, escribir en español a principios del siglo XXI, supone, ante todo, enfrentarse a las carencias de la historia de nuestra poesía, empezar a escribir todo lo que aún no hemos escrito, poner al día nuestra propia tradición. Se trata, a la vez, de escribir la poesía de hoy, la que corresponde al estado actual de la cultura (desde la teoría del caos a la mecánica cuántica, desde la contemporánea psicología de las profundidades a la caída de la metafísica de la presencia). Una poesía de nuestro tiempo, capaz de dialogar con el romanticismo simbolista y con la actitud posmoderna ante el texto.

Por mi parte, he intentado practicar una “poética del límite”, superar algunas fronteras, convenciones literarias demasiado arraigadas en nuestra tradición: la frontera entre los géneros, entre razón e imaginación, entre consciente e inconsciente, entre fantasía y “realidad”. Intentando abrir caminos a mi poesía, conducirla hacia nuevos territorios, he indagado en torno a las siguientes posibilidades: (1) la fusión romántica entre imaginación y pensamiento mediante el cultivo del símbolo; (2) la renovación del mito como introspección en las fuentes de la identidad; (3) la exploración de las vertientes contemporáneas del punto de vista: la fractura posmoderna del yo, los desdoblamientos del sujeto poético, la pluralidad de voces que habitan en nosotros; (4) la fusión de géneros entre poesía y cuento fantástico en busca de la escena simbólica, sugerente, la mirada al otro lado; (5) la superación del realismo ingenuo positivista mediante la posmoderna crisis de la representación: los juegos de planos entre diversos órdenes de “realidad” y el cuestionamiento del carácter existencial de lo narrado.

Y todo ello desde el conocimiento, integrado en el proceso de escritura, del psicoanálisis contemporáneo. En particular, la depurada visión de Carl Gustav Jung acerca del mito, los símbolos y el pensamiento fantaseador.

Soy de los que piensan que necesitamos una profunda reflexión sobre los fundamentos mismos del arte poético si deseamos renovar nuestra poesía. Una puesta al día del lugar desde el que escribir un poema. Sospecho que el futuro de la poesía española pasa por alcanzar de una vez por todas lo que –salvadas las honrosas excepciones- nos fue negado en su día: la modernidad.

Javier Lostalé, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2003

 

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Cuadro de texto: poéticas en antologías

Edad presente

(Poesía cordobesa para el siglo XXI)

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