La vida nueva

 Visor, Madrid, 2008  

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CASA EN EL ÁRBOL

 

En la copa de un árbol construiré nuestra casa,

con tablones y clavos e ilusión y un martillo

alzaré entre las ramas suelos, techos, paredes,

cuartos en espiral, secretos pasadizos

donde obra el azar el don de los encuentros

y de pronto amanece si me miras al fondo

por donde el viento corre a refugiarse,

madera en la madera, crujen las estaciones,

pasan a visitarnos los amigos,

huele a café, huele al árbol en que nos acogemos,

al rumor de las hojas, a la tierra

donde brota su impulso, su sed de los espacios,

se siente allí el verdor de las promesas,

casa y árbol fundidos, una sola criatura,

se es feliz de algún modo impreciso y vital,

con los años al árbol le van creciendo ramas,

gana cuerpo, se inclina hacia las nubes

y de pronto la casa ha ascendido unos metros

y hasta el aire es más puro, más ancho el horizonte,

las estrellas fugaces proliferan, ahora

vigila la espesura, hay luz en la ventana,

a cubierto de todo, suspendida,

luz de hogar en la noche, resplandor,

y una escala de cuerda entre las ramas,

si subes por la escala no hay retorno,

en la cima del viento hallarás nuestra casa.

 

 

FÍSICA APLICADA

 

Suponiendo que un hombre, una mujer

parten de puntos divergentes, dispersos en un plano,

lugares que se ignoran entre sí,

y a la velocidad del entusiasmo

emprenden la aventura, se ponen en camino,

van por ahí remando en aguas turbias,

van por ahí escuchando el vasto germinar de las semillas,

al acecho, en sigilo, ahuecando la tierra a la esperanza,

suponiendo que trazan trayectorias de curso irregular,

cada cual a su amor, virando al viento,

quebradas trayectorias cuyo sentido puede

al mínimo temblor girar hacia el vacío,

suponiendo el afán, la búsqueda, la sed,

el ensueño del goce, la ilusión y la ausencia,

calculemos, a golpe de intuición,

cuántas veces tendrán las trayectorias

que cruzarse en el brillo de unos ojos,

unos labios que invitan, unas manos que asienten,

para incendiarse a un tiempo, hombre y mujer, sembrar la tierra

de llamas como ráfagas de lluvia.

 

 

DON DEL VUELO

 

Y ahora que desperté sin calendario

a las puertas de un cielo terrenal

qué vas a hacer conmigo si no atiendo a razones,

si me entregué sin más a la algarada

de esta felicidad sin qué ni fundamento,

si el saludo se me vuelve pájaro en la mano

y los ciento volando

hacen cola para posarse en mi ventana,

si me declaro en fuga

tras la eléctrica chispa que aguarda en el instante,

si hablo como quien canta

en las crines del pulso secreto de las olas,

amenazo arrastrarte en un alud de espuma

y mis dedos te cercan, antorchas navegantes,

y se te caen las hojas amarillas,

y al contacto tu piel prende en mi abrazo,

qué vas a hacer conmigo sino entregarte entera,

desarraigarte toda

hasta que a las raíces les brote el don del vuelo,

levar anclas, surcar la ingravidez

preñada de centellas, con las manos

tendidas al encuentro, ven conmigo,

con rumor de campanas sobrevolemos los jardines,

ha llegado la hora, vamos, ven

a conocer la risa de los ángeles.

 

 

PARA NO RENUNCIAR AL ENTUSIASMO

 

Soñar despiertos siempre

para que los insectos de la herrumbre nos permitan tejer sin telarañas

para ser el hervor la levadura

y no el cemento gris que repta por los muros

pan crujiente en el horno del sol del mediodía fruta madura vértigo

y nunca más sedientos de imposible

reconocernos en el barro de un parabrisas sucio

soñar despiertos siempre

olvidar el autobús cautivo de su ruta el maquinal semáforo los maniquíes ciegos

abandonar el dique seco de los formularios la astucia del burócrata destilando en la tinta su cianuro

dar la espalda sin miedo a cuanto esperan de nosotros aquellos que veneran dos tristes palmos de suelo bajo sus pies

porque es vasta la tierra y a nadie pertenece su clamor

como nadie puede calcular la trayectoria de una grieta en un témpano de hielo

pero ahí está

desafiando la maquinaria de los astros

fiel a su andadura irregular a la belleza

de lo que niega toda simetría soñar

como rasga el torrente la maleza felino por instinto

despreciando

la fría servidumbre de los surtidores el agua encadenada a geometría

soñar despiertos siempre

para no obedecer la ley del amo las consignas

de los ventrílocuos feroces acudir

al futuro que llama a nuestra puerta pidiendo realidad

porque podemos esculpir la vida verdadera

escuchar la llamada de los sueños para rendir la piedra a nuestro afán

abrir surco en las calles sembrándolas de estrellas y de pájaros

de alamedas de cisnes regueros de palomas corrientes submarinas

una extensión de labios que sonríen de juncos que se mecen de amazonas

soñar despiertos siempre

para no renunciar al entusiasmo

y que el hombre no olvide su vocación de nube el súbito

resplandor incendiando su mirada

alfarero del mundo comadrona

que asiste al parto de sus propios sueños.

 

 

LAS PASARELAS DEL DESEO

 

Llamamos vida

a un desfile de dígitos cansados

zumban coléricas las moscas atrapadas en cárcel de cristal

el viento de la sangre remueve las cortinas

la luz por un instante parece herir la tapia filtrarse en el cemento

la oquedad se adivina y más allá

palpitan en la noche los astros encendidos

combaten los caballos por la flor las aguas por la piedra

la orquídea cobra vida en el torrente

a la luz de la Luna el musgo brilla con fulgor de diamantes en la hierba

no hay rutas convenidas ni semáforos ni siniestros carteles de prohibido pasar

pero abundan los cruces de caminos cuando menos lo esperas amanece

los hombres vagan a su antojo las sendas se disuelven a su paso

quiero decir que a la sombra de los robles te esperan los amigos que perdiste

y hay sábanas tendidas que guardan el olor de encuentros que no fueron

mujeres

que solitario amaste a la distancia

pero aquí el eco salva todos los precipicios

irrumpen de la nada las pasarelas del deseo

trenzan sus trayectorias en todas direcciones

el viajero termina por arrojar al fuego la brújula y los mapas

confiando sus pasos al instinto se interna en la espesura

aunque un día de pronto se detenga a contemplar las huellas de su viaje

despierte abra los ojos comience a comprender

nada importa cuán vasta la travesía se despliegue

la apariencia radiante de confines la ilusión derrochada en la aventura

todas las pasarelas conducen a la tapia

si se es fiel a un deseo si se sigue

su rastro hasta el final

nos aguarda el ladrillo hincado en tierra

la mansedumbre hostil de la costumbre

un olor a madera que envejece

un desfile de escenas repetidas

la cárcel de cristal

sin cerradura

 

 

 

Cuadro de texto: sala de vídeo
Presentación de "Escribir un poema".
Foto de Lola Araque

Graffiti  sobre Casa en el árbol

 

 

 

 

 

artículo

La Vida Nueva:

relato de un renacimiento