Refutación de la elegía

 Generación del 27, Málaga, 2006  

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Refutación de la Elegía

REFUTACIÓN DE LA ELEGÍA

 

Disculpen la imprudencia, voy de paso,

me caí en esta página, no supe

medir mis fuerzas, apurar la brisa,

resistir su imperiosa invitación,

la página pedía un desaliento

a la altura del llanto y los zapatos,

pero no estaba yo para difuntos,

me brotó una sonora carcajada,

una encina colgada de un trapecio,

un tigre amamantando a una gacela,

un ciempiés saludando innumerable,

nada hay seguro aquí, ya me hago cargo,

a lo peor la página está inquieta,

reclama ya su hastío inmemorial,

y yo en las musarañas, tan contento,

acorazado, en fin, feliz, ya ven,

poco propenso a la melancolía,

convocando el deseo en la figura

de una mujer al término del goce,

sin tristeza post-coitum, no se apuren,

espléndido animal, fruta sin dueño,

deslumbrante en la página, sensual,

una refutación de la elegía,

una celebración de la alegría,

cuerpo fugaz, materia derramada,

se ríe de la página, transpira,

les dejo con su gozo, no sin antes

invitarles a arder por las raíces,

a vivir por la piel a contramano,

no me hago responsable si la página

persiste por inercia en su congoja,

si le gusta sufrir es su problema,

nosotros a lo nuestro, hacia alta mar.

 

 

CECI N‘EST PAS UNE PIPE

 

La palabra agua no moja:

puedo escribirla siete veces siete,

en paredes, en labios, en estatuas,

una por cada nube que se aleja,

una por cada gota que no llueve.

 

La palabra fuego no quema:

ni calienta mi mano si la escribo

ni es capaz de alumbrar la oscuridad.

Allí donde se posa permanece

aguardando unos ojos que la inflamen.

 

Pero si irrumpen alas y de pronto

me decido a emprender una esperanza

y empuño dos palabras y las hago

chocar como dos piedras en el aire

saltan chispas en un hogar remoto,

prende en el agua un fuego que acaricia.

 

La palabra fuego no quema

pero aviva rescoldos en la sangre.

La palabra agua no moja

pero riega la entraña de quizá.

 

 

DESPERTAR

 

Ese hombre que camina

con las manos sujetas a la espalda,

nos saluda al pasar, comprueba su reloj,

acude a su quehacer sin preguntarse

si va en su dirección y en su sentido.

 

No sabe que a su espalda se libra una batalla,

que su mano derecha

aferra sin piedad a la otra mano,

la retiene a su antojo por la fuerza,

prisionera, infeliz, sin voluntad.

 

Si un buen día la mano sometida

se niega a cooperar y en un descuido

reduce a su adversaria, se hace fuerte,

toma la iniciativa, arrebatando

el rumbo de los pasos, ya se atreve

a estrenar una vida renovada…

 

¿qué será de ese hombre inofensivo

cuando empiece a arrojarse a la aventura,

a derrochar las suelas y el impulso,

abandonándose al azar

del encuentro feliz, recolectando

a su paso semillas y canciones?

 

 

OTRO LUGAR

 

Desconfía del vino que sabe a cauce seco,

del agua que se estanca sin transcurso.

Desconfía del aire de los espacios huecos,

del ojo que ha olvidado ya el impulso.

 

Y entrégate al torrente que empieza a abrirse paso,

amanece a un más hondo palpitar.

Desconfía de todo cuanto yace encerrado,

pues el tiempo ya fluye a otro lugar.